Dos países, dos realidades, un solo sistema
La tienda de Nueva York no es la dominicana traducida. Vende un catálogo distinto, a precios distintos, en otra moneda, y se dirige a un cliente que espera leer en inglés. Lo único que comparten de verdad es la marca y la forma de trabajar.
La alternativa fácil habría sido copiar la carpeta y editar textos a mano. Eso funciona el primer día y se convierte en dos sistemas divergentes al tercer mes, cuando una corrección hay que aplicarla dos veces y alguien olvida una.